imagen¿Qué se hace con mi dinero?

19 de julio de 2012

Termina en Escuelas Pías el curso “La Inversión Socialmente Responsable en España”, un análisis pormenorizado de los proyectos que contribuyen a que la economía sea sostenible en nuestro país desde un punto de vista social, medioambiental y de buen gobierno

Tal y como están los tiempos, a más de uno le puede resultar adecuado culpar de la crisis a los mercados financieros. Pero, siendo objetivos, debemos ser conscientes del papel fundamental que cumple este sector en el desarrollo social y económico de una región. De esto ha tratado el curso “La Inversión Socialmente Responsable en España”, dirigido por Marta de la Cuesta, Vicerrectora de Planificación y Asuntos Económicos de la UNED y Profesora de Economía Aplicada, y coordinado por Francisco Javier Garaoya, Director de Spainsif, una asociación sin ánimo de lucro constituida por 32 entidades interesadas en promover la Inversión Socialmente Responsable en España.

En la presentación del curso, Inés García-Pintos, Presidenta de Spainsif, quiso romper una lanza a favor del sector financiero español, “en un momento en el que está en entredicho en todos los papeles de todos los periódicos del mundo. Quiero reivindicarlo porque es fundamental para que funcionen las cosas.” ¿En qué sentido? No hay que olvidar que cuando el sector financiero funciona bien, también contribuye a que la economía funcione correctamente, ya que cumple la misión de trasladar los ahorros a los proyectos de inversión, canalizando el ahorro excedente de las familias o de las empresas a aquellas iniciativas que sin este instrumento no serían capaces de salir adelante, y que contribuyen a que la economía sea sostenible. “Esto quiere decir que a medio y largo plazo continúe ahí, y continúe generando riqueza”, explicaba García-Pintos. “Y ese es el papel de Spainsif, promover de una forma preferente las inversiones hacia aquellos sectores, empresas, industrias, o países, que contribuyan a que la economía funcione mejor, a largo plazo. Cuando la economía se centra sólo en el corto plazo, pasa lo que está pasando ahora”, añadía. “Cursos como este son fundamentales para generar conciencia y conocimiento, y para seguir empujando el carro en esta dirección”. Y se dirigía expresamente a los estudiantes cuando decía: “Yo espero que después de estos días, por lo menos, os preguntéis qué se hace con el dinero que tenéis ahorrado”.

Hay muchos agentes que contribuyen a que las inversiones se canalicen hacia proyectos socialmente responsables. Por un lado están las entidades gestoras y las entidades de seguros, que son las que fabrican los productos; también están los propietarios de activos, los inversores, que ponen en juego su capital; las entidades financieras, que comercializan los proyectos y se lo venden particulares o a inversores institucionales; los analistas, que dicen si una inversión es buena, además, desde un punto de vista social, medioambiental y de buen gobierno. También son importantes las asociaciones de carácter social, que alertan sobre cuáles son los problemas a las que nuestras inversiones tienen que responder. Y, por último, los sindicatos, que cumplen un papel fundamental en la gestión de los planes de pensiones, los grandes inversores institucionales en España.

Para que el sistema financiero influya positivamente en el crecimiento económico y contribuya a un desarrollo más humano, equilibrado y sostenible deben cumplirse ciertas normas. “Si los mercados e instituciones se desarrollan de forma acompasada con el resto de la economía, el sistema financiero dinamizará el proceso de crecimiento”, explicaba Marta de la Cuesta en su intervención. “Si no, pueden desaprovecharse proyectos de inversión, hacerse inadecuadas valoraciones de riesgo o, por el contrario, sobrefinanciar actividades con escaso valor añadido para el crecimiento de la economía real”. ¿Y esto por qué? Porque aunque los mercados y las instituciones financieras son simples intermediarios, poseen una alta capacidad de influencia, ya que deciden dónde, cuándo y cuánto invertir, y a qué precio. En definitiva, se trata de garantizar la satisfacción de las necesidades presentes sin poner en peligro la capacidad de las generaciones futuras para satisfacer sus propias necesidades.

Pero, concretamente, ¿qué significa la Responsabilidad Social Corporativa (RSC) en el negocio bancario? “En pocas palabras, implica trasladar la responsabilidad ambiental y social a la gestión interna del banco”, explica Marta de la Cuesta. Para ello, el banco debe comprometerse con las directrices internacionales en materia de Derechos Humanos, derechos laborales, respeto por el medioambiente, igualdad de oportunidades, sin olvidarse de involucrarse activamente en la comunidad y adoptar un firme compromiso con la transparencia. En su dimensión externa, esto es, su actividad como inversor e mediador financiera, “implica la integración de la RSC y la sostenibilidad en el propio negocio, incorporando consideraciones ambientales y sociales en el diseño de productos, la política de crédito e inversión y, en definitiva, en la estrategia del negocio y en la asunción de riesgos”.

Y en toda esta labor, la sociedad no debe mantenerse al margen, sino que debe demandar que se cumplan estas prácticas en materia de RSC. Algunas de esas peticiones pasan por acabar con los paraísos fiscales que evaden impuestos; permitir solo aquellos instrumentos con legitimidad demostrada visto su impacto a largo plazo (esto es básico en derivados de materias primas relacionados con alimentos y energía); seleccionar a los clientes conforme a criterios medioambientales; hacer públicas sus actividades financieras en sectores extractivos y de infraestructuras, por su alto impacto social y medioambiental; incorporar en sus políticas de crédito e inversión los diferentes criterios de sostenibilidad suscritos a través de los más diversos acuerdos y convenios internacionales (en especial, en sectores como la agricultura, pesca y explotación forestal, la industria militar y el comercio de armas, y la generación de energía) y sobre temas relacionados con la sostenibilidad (biodiversidad, cambio climático, derechos humanos, pueblos indígenas, operaciones en zonas de conflicto, etc.).

Desde hace años, la UNED viene impulsando la práctica de la inversión socialmente responsable. En concreto, además de ser socio de Spainsif, la Universidad posee una Cátedra de Responsabilidad Corporativa y Sostenibilidad en colaboración con Telefónica, e imparte el Máster Interuniversitario en Sostenibilidad y Responsabilidad Social Corporativa (UNED-UJI).

Inma Luque

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